PUESTA EN ESCENA

(…) saber que las palabras son sólo palabras y los espectáculos sólo espectáculos tal vez nos ayude a entender mejor cómo pueden las palabras, las historias y las representaciones ayudarnos a cambiar en algo el mundo en que vivimos.
Jacques Rancière – El espectador emancipado

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Los estratos invisibles del espectáculo.

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Al principio fue la palabra.

Hace mucho que admiro a Arturo Sánchez Velasco, sus textos siempre me han parecido sobresalientes. Este proyecto suponía un reto ya que últimamente mi interés se centraba en prácticas “performativas”, dramaturgias que parten y se construyen desde el intérprete. ¿Cómo trasladar esta admiración a mi trabajo? ¿Cómo partir de un gran texto sin que eclipse el tiempo presente de la representación? ¿Como hacer compatibles sus hallazgos con los míos? Considero que solamente durante la función lo teatral sucede y que el texto es una materia más. Una materia, como lo es el cuerpo del actor, la luz o la escenografía y, todas juntas, han de formar parte de un proceso de reflexión más global que las una. La clave era hacerlo convivir con otras materias de lo escénico y que dialoguen con lo que suceda en el escenario; el reto no cambiarlo ni un ápice, confiando, precisamente, en su materialidad. Al entenderlo así la palabra puede recuperar su valor, adquirir autonomía propia y contribuir al presente de la representación. Legado de C era una gran propuesta pensada para habitar la escena.

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¿Por qué representar hoy Legado de C?

La sociedad está viviendo una auténtica crisis de representación y está buscando mecanismos para poder representarse por si misma. El teatro no escapa a estas inquietudes y oportunamente han surgido propuestas y espectáculos que abordan esta cuestión. Legado de C es una ficción previamente escrita, con personajes aparentemente alejados del cotidiano del espectador. Sin embargo el texto tiene una fuerza, riqueza y atractivo que excede a ese teatro de urgencia que parece que los tiempos reclamen. Poner en escena Legado de C era reivindicar lo teatral y su capacidad de hablar al presente sin abordar, explícitamente, los temas considerados de actualidad, hablar del espectador sin tener que describir, forzosamente, sus circunstancias. Legado de C es un texto teatral que existe, reclama su puesta en escena y nuestra atención. Un texto actual que se apropia, jugando hábilmente, de toda una tradición de mecanismos teatrales. Un texto contemporáneo que reclama una lectura contemporánea.

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¿Qué es lo contemporáneo?

Para mí tiene que ver con la búsqueda de nuevas maneras de representar la realidad y de concebir las relaciones entre el observador y el objeto artístico. Si hoy sabemos que la realidad está construida por quien la observa, no podemos considerar que la obra de arte esté acabada hasta que no se construye en el espectador.

La puesta en escena privilegia que este pueda acompañarnos y ser partícipe de la construcción de esta ficción. Más que tratar de representar una visión acabada, se sacrifica parte de nuestro imaginario para dejar libre el del espectador. Devolver el potencial, disfrute, intriga y sorpresa que estos personajes nos provocaron en las primeras lecturas y que hemos tratado de preservar durante todo el proceso. Desde unos parámetros concretos, ahondar en aquello que estimula el imaginario. El espectador reconoce lo que ve en escena pero es él quien ha de interpretarlo.

Al centrarnos en el presente de la escena y dar espacio a la lectura del espectador, crece la expectación, se activa su curiosidad, despertando el interés que suscita no saber aún, no saber todavía, no terminar de saberlo todo… Al integrar la noción de imprevisto en nuestro trabajo, así como el efecto sorpresa, se mantiene la atención del público. Buscamos proyectar posibilidades, sin poner el foco en lo que se despliega, sino en lo que es capaz de desplegar dichas posibilidades. No queremos usurpar el lugar del espectador, su papel es imprescindible, su presencia es la que legitima la escena. En vez de hablar de él, hemos propiciado las condiciones para que él mismo hable. Es él quien va reconstruyendo el discurso, rellenando los huecos, estableciendo sus propias relaciones con lo que se presenta en escena.

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Legado de C funciona.

Los actores están totalmente dirigidos hacia el momento presente de la representación, abandonando la idea clásica del personaje en favor del “actor en juego”. Al no dar una lectura cerrada de los personajes, la relación con el espectador es más directa y este tiene menos tendencia a distanciarse de la palabra del actor. Esto, también, nos permite no caer en la moralización, abordando el texto de forma clara y lúdica, donde es el espectador quien ha de tomar posición. El texto se vuelve accesible, no como traducción simplificada, sino porque la puesta en escena ofrece vías, premisas para que el espectador pueda proyectar sus propias conclusiones. El resultado es que el poder evocador del texto se mantiene intacto, el espectador transita fácilmente por la ficción y su interés se mantiene vivo durante toda la representación.

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Jaume Pérez Roldán 2014